JAMIE LYNN SPEARS – FOLLOW ME… AND LOVE ME NOW MY LOVE

JAMIE LYNN SPEARS – FOLLOW ME… AND LOVE ME NOW MY LOVE

Un día estaba duchándome en casa de Britney Spears, y cuando terminé me encontré con Jamie Lynn Spears, su hermana. Parece que estaba esperando que terminara de bañarme.
—Ya terminé de bañarme —le dije—. Ya puedes usar el baño.
—No voy a usar el baño —me dijo—. Estaba esperándote para pedirte un favor.
—¿De qué se trata? —pregunté.
—Es algo simple —me dijo.
—Qué bien —le dije—, porque imposibles no hago.
—¿Puedes ayudarme con mis tareas?
—Por supuesto —le dije—, pero ahora no puedo. Debo irme.
—Tiene que ser hoy porque tengo que presentar las tareas mañana.
—Lo siento mucho —le dije—. Dile a tu madre o a tu padre que te ayuden.
—No están —me dijo—. Salieron.
—Está bien —le dije—, te ayudaré pero sólo con una materia.
—Gracias —dijo ella.
—Te ayudaré con el más difícil —le dije—. ¿Qué materia te resulta más difícil?
—Este —me dijo—. Es el más complicado.
Le expliqué para que entendiera y pudiese hacerlo sola.
—No entiendo —me dijo.
—¿Qué no entiendes? —le pregunté.
—¿Cuántas veces mi hermana y tú han tenido sexo?
—Ni una sola vez —negué—. Nunca hemos tenido sexo.

—No mientas —me dijo—. Yo los vi muchas veces cuando me escondía en su dormitorio. Le pregunté a mi hermana y me dijo que lo han hecho muchas veces.
—Es cierto —le dije—, lo hemos hecho pero eso no te importa. Además no debes espiar a las personas.
—¿Desde cuándo? —preguntó.
—Desde hace poco —respondí.
—Mientes de nuevo —me dijo—. Todavía recuerdo la primera vez que los vi desnudos.
Y eso fue hace mucho tiempo.
—Entonces para qué me interrogas si parece que lo sabes todo —le dije, enfadado.
—No lo sé todo —me dijo—. Hay algo que quiero saber.
—¿Qué? —respondí, enfadado por el tiempo que estaba perdiendo.
—¿Es cierto que es delicioso? —preguntó—. Mi hermana me dijo que sí.
—Sí —le dije—. Algún día lo disfrutarás.
—Yo quiero disfrutarlo ahora —me dijo.
—Sólo tienes 12 años —le dije.
—Es que de tanto verles a ustedes me dieron ganas.
—Sólo tienes 12 años —repetí—. Puedo ir a la cárcel por esto.
—Te prometo que nadie lo sabrá —me dijo—. Pero si no me lo haces igual voy a hacerlo pero con otro. Y luego diré que me violaste.
Decidí hacer lo que me pedía porque había dicho que iba a buscar a otro y eso era muy peligroso.
—No tienes que preocuparte por nada —me dijo—. Les he visto muchas veces, así que sé cómo te gusta. Igual que Britney quiero arriba porque tu cuerpo es muy grande para el mío.

—Mi verga es demasiado grande para tu vagina —le dije.
—Ya lo sé, es por eso que quiero arriba —me dijo—. Si me duele me desmonto y ya, pero si tú estás sobre mí, y me duele, tú no vas a sacar tu verga de mi vagina aunque llore.
—Tienes razón —le dije, aceptando coger con ella—: tú, arriba. Pero que esto quede entre tú y yo, porque si tu hermana se entera…
—Ni cuenta se dará —me dijo, besándome.
Fue en ese momento que me percaté que la ropa que ella vestía era parecida al uniforme del PCA (ver última foto). No lo había notado antes.
—Veo que también estás muy excitado —me dijo—. Mete tus manos debajo de mi ropa.
Sí, estaba muy excitado y ella lo sabía. La abracé por detrás y metí mis manos debajo de su ropa. No traía sujetador. Toqué sus tetitas, libres, que se excitaron al contacto de mis manos. Retiré una de mis manos y la bajé hacia su falda mientras seguía acariciando sus tetitas con mi otra mano. No traía ropa interior. Acaricié sus muslos mientras iba subiendo lentamente hacia su vagina. Acaricié su vagina por encima de su ropa. Entonces ella agarró mi mano y la puso debajo de su falda. No traía ropa interior. Sentí su vagina. Qué tentación. Quise detenerme pero ya estaba muy excitado y no pude.
—Excítame más —me dijo.
Froté su clítoris y se estremeció de placer. De sólo pensar que dentro de unos segundos ya no serían mis dedos sino mi verga la que estaría dentro de su vagina, hizo que me excitara más.
—Desnúdame —me dijo.
Yo seguía detrás de ella, acariciando sus tetitas con una mano y su vagina con la otra mano.
Nos desnudamos rápidamente.

—Todo eso es para mí —me dijo, al ver mi verga completamente dura y erecta.
—Sí —le dije—. Será todo tuyo.
La acosté sobre su cama.
Quise penetrarla pero me detuvo.
—Excítame más —me dijo—. A Britney siempre la excitas más.
Hice exactamente lo que me dijo que hiciera. Besé y acaricié sus tetitas, su vagina y cada parte de su cuerpito.
Quise penetrarla pero me detuvo.
—¿Te olvidaste? —me dijo—. Voy arriba.
—Esto es sólo para desvirgarte —le dije—. Luego te montarás sobre mí para cabalgarme.
—No —dijo ella—. Voy arriba.
Entonces me acosté sobre su cama y ella se montó sobre mí. Agarré mi verga y la coloqué a la entrada de su vagina.
—Penétrame —me dijo.
No me hice repetir la orden, la agarré de sus caderas y empujé su cuerpo hacia el mío mientras empujaba mi verga hacia dentro de su vagina.
—Me duele —me dijo, cuando la desvirgué.
Suponiendo que iba a desmontarse, sin haber soltado sus caderas, moví su cuerpo hacia arriba y hacia abajo.
—Muévete así —le dije—. Cabálgame.
—Qué delicioso —dijo ella, cabalgándome—. Ahora entiendo por qué mi hermana y tú cogían casi siempre.
—Sigue así, chiquita —le dije.
—Sígueme —me dijo—. Amame.
—Te amo —le mentí—. Te amo.

—Ahora por atrás —me dijo.
—Como gustes —le dije, penetrándola en doggie style.
—Qué delicioso —gimió—. Qué delicioso.
—Sí, muy delicioso —afirmé.
Follamos durante un largo rato en muchas poses sin importarnos ya si alguien nos encontraba en tal situación.
Me cabalgó como hembra en celo y sus gemidos eran como el canto de una sirena.
Sus tetitas habían aumentado un poco de tamaño ya parecían bailar con cada embestida de mi verga. Su vagina era como una prisión en la cual mi verga se sentía muy a gusto, y la carcelera no estaba dispuesta a liberar al prisionero que se movía dentro. Parecía una deliciosa cadena perpetua, pero esta “condena” no ocasionaba dolor sino todo lo contrario, generaba mucho placer y ganas de cumplirla a perpetuidad.
—Sigue —me dijo—, sigue.
En esos momentos lo que menos quería era detenerme.
—Te amo —me dijo.
—También yo —le mentí.
Me cabalgó como hembra en celo. Mis manos recorrían todo su delicioso y hermoso cuerpo. Nuestras bocas se fundían en una sola.
Mi verga era un volcán a punto de estallar dentro de una cueva húmeda y ardiente.
Hasta que estalló derramando líquido caliente.
—Estuvo muy delicioso —me dijo, vistiéndose—. Hace tiempo que deseaba coger contigo pero jamás pensé que sería en mi casa, sobre mi cama.
—Eres más golosa que tu hermana— le dije.
—Esto tenemos que repetirlo —me dijo, besándome, mientras entraba su hermana.

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